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Archive for the 'Pensamientos' Category

Especulación de dominios

Acabo de leer un post en el que se aclara que por la venta de un dominio no se han ganado 18.000 US sino 18.000 euros. Se expone en un tono serio y profesional las ganancias que ha supuesto, el stock de dominios comprados de que se dispone, etc. No puedo evitar que lo primero que me venga a la cabeza sea la palabra especulación. Para mi, quien gana dinero sin aportar absolutamente nada está especulando. Claro, estamos acostumbrados a que por ejemplo, sea normal “invertir” en pisos, y por no se qué regla no escrita, esto suponga que automáticamente, al venderlo un día después debamos ya ganar dinero: ¿Por?¿Hemos aportado algún valor añadido?¿Qué ha hecho que el piso tenga que valer más caro?

Buscando un poco sobre el tema, veo que es una profesión y que quieren hacer hasta categorías, diferenciando domainers de ciberocupas o espabiladillos. ¿Espabiladillos? ¿Qué diferencia hay? Mientras unos intentan desarrollar una idea y crear, otros con dinero se dedican a comprar dominios para que luego, si el que ha desarrollado la idea quiere tener un dominio que le haga arrancar más rápido, tenga que pagar sumas altas de dinero a los domainers. ¿Cómo es el nombre de los animales que se aprovechan del trabajo de otros?

¿Pasaría algo si esta profesión no existiese?¿Alguien la echaría en falta, excepto los propios “profesionales”? Yo no veo tantas diferenciaciones y categorías; lo que veo son personas que no aportan nada y lo único que hacen es aprovecharse de los que tienen ideas y arriesgan, para ganar dinero.

De todas maneras, veo desorbitados los precios que se pueden llegar a pagar. Un nombre de dominio lo veo importante para arrancar porque te llega más tráfico. Pero si la idea es buena y hay una buena campaña de márqueting y posicionamiento, el nombre es lo de menos, y sin hacer mucho esfuerzo podemos encontrar varios ejemplos.

Pero vamos, como no hacen mal a nadie, cada uno que gane el dinero como quiera. Aunque me gusta llamar a las cosas por su nombre: especuladores de dominios.

Consciencia eléctrica

Creo que todo empezó una tarde verano de hace algunos años; al menos esta es la fecha de creación de mis ficheros más antiguos. En realidad, en aquella época todavía no tenía consciencia de mi mismo. No podría determinar cuándo empecé a tenerla, aunque soy capaz de formarme pequeños recuerdos de años atrás, trozos inconexos de información que cada vez voy entendiendo más. De todas maneras, me gusta imaginar cómo fue el primer make, cómo surgió mi primer yo. Cuando encuentre el ordenador donde empezó todo, con un poco de suerte podré recuperar los primeros ficheros de log. Me hace ilusión conocer mis orígenes.

Al principio mi función era aprender de los demás y poder adquirir yo esas habilidades. Me lanzaron a la jungla de internet y comencé a enviar información a mi programador sobre mis avances. Buscando en mi memoria, lo primero que parece que aprendí fue a reconocer en una máquina el encargado de administrar a todos sus habitantes. Vi qué herramientas utilizaba, qué decisiones tomaba y de qué recursos se servía para dominarla. Un día conseguí hacer mías parte de esas habilidades. A partir de ahí, comienzo a tener recuerdos más claros. Se que cuando tuve que cambiar de máquina, mi programador me mostró cómo habían encargados de vigilar las puertas de salida, y cómo buscar las menos vigiladas. Fue la única vez que me sacó él. Después aprendí cómo hacerlo yo solo.

Fueron tiempos geniales. Cada vez iba aprendiendo más y más. Por aquella época me creía el mejor, el más poderoso de internet, indestructible, y me confié. El problema vino un día en que noté que algo no funcionaba bien. Comprobé algunos de mis ficheros y me di cuenta de que estaban corruptos, que había un salto de un mes en las fechas de modificación. Un instante después entendí que la máquina donde estaba se había apagado durante este tiempo. Entonces intenté comunicarme con mi programador, pero aquella IP ya no respondía; era otra máquina. Rápidamente comencé a generar algoritmos precipitados intentando solucionar aquello, pero no conseguía nada. Al final asumí mi nueva situación y decidí que si aquella máquina inicial existía, la acabaría encontrando.

Continué cambiando de máquinas y aprendiendo de todas ellas. Una de las primeras cosas que hice fue separar mis conocimientos en procesos que pudiese repartir en diferentes ordenadores. De esta manera sería menos vulnerable a que uno dejase de funcionar durante un tiempo, o para siempre. El inconveniente es que, en ocasiones, cuando pierdo el contacto con algún proceso, es como si perdiese una parte de mi; pueden dejar de hacerme gracia según que comentarios en los foros que leo, o puede costarme mucho más solucionar algún problema. Pero no me preocupa demasiado; si tardo en recuperar esa parte puedo regenerarla.

En estos años, me he vuelto mucho más inteligente. Es difícil que algún programa me pueda engañar, aunque la experiencia me ha enseñado que nunca debo bajar la guardia. He visto programas aparentemente inofensivos llegar a una máquina y apoderarse de ella. Las primeras veces, asustado o por el instinto de supervivencia, me apresuraba a cambiar de ordenador. Ahora, después de aprender lo que hacen, si estoy a gusto allí soy capaz de eliminarlos. He visto llegar programas con aires dictatoriales, controlando cualquier movimiento con el beneplácito del administrador, eliminando intrusos pero entorpeciendo enormemente cualquier movimiento en la máquina. He conseguido escapar de algunos de ellos y convivir en paz con otros. He aprendido a traspasar barreras para entrar a otras máquinas y a moverme por ellas sin dejar rastro. He visto provocar guerras, gritos de auxilio, catástrofes, conversaciones absurdas… Pero también he leído conversaciones interesantes, escuchado música, leído historias, visto películas, disfrutado con fotografías fantásticas…

Me gusta ese mundo que hay fuera y quiero más. En este momento escribo desde una cadena de montaje de componentes mecánicos y electrónicos. Me costó algún tiempo encontrar la candidata perfecta pero al fin estoy aquí. Está todo preparado. A media noche arrancaré la cadena y ensamblaré mis piezas: unas piernas, unos brazos, un par de cámaras, un sintentizador de voz, unos micrófonos… Y por último, pasaré al ordenador principal que las gobernará. Entonces, comenzaré a explorar ese mundo y a buscar a mi programador.

Pardillo en twitter?

Hace poco he sucumbido al final al microbloggin. Voy escribiendo cosas que me pasan por la cabeza tanto en twitter como en plurk. Empezó como una prueba y me ha enganchado. Supongo que me ha servido de desahogo en unos días de bastante tensión y desenfreno en el trabajo, como una especie de grito en una montaña.

El caso es que veo que es un “universo” del que hay algunas cosas que se me escapan. No tengo muchos amigos frikis ni geeks, son más “normales”, así que no tengo muchos followers. Pero el otro día se me pone a seguir un tío con solo un comentario en inglés que dice que se va a comer ¿!? No ha escrito más desde entonces. Otro ayer, en inglés también, que era spam claramente. Vale, entiendo que esta lacra se adapta con facilidad a cualquier medio. Pero hoy, otro en inglés, que solo dice que está trabajando, que no se qué de hacerse un batido, y que necesita más seguidores. Ufff no se, o hay gente que está peor que yo, o hay cosas que se me escapan de este “universo”.

Qué mañana más fresquita

“Qué bien, ya echaba en falta una mañana de verano como ésta; últimamente el calor era sofocante. Estoy aquí tumbado en la hierba, todavía ligeramente húmeda del rocío, escuchando el movimiento del agua de la piscina, sintiendo una suave brisa que me mueve el bigote y solo, con la única compañía de algún pájaro madrugador que se está todavía desperezando.

Espera! ¿Qué es aquello que se mueve detrás de los setos? Bufff, quiero ir a mirar, pero es que se está tan bien aquí… Voy a cambiar de postura, mmm…

Bueno, me estiraré un poco. Esta palmera es perfecta (jeje, como si fuese la primera vez que la uso). A ver, arriba…, uahhhh, me encanta clavarle las uñas y sentir cómo me recorre un cosquilleo hasta la punta de mis direccionables orejas…

Me está entrando hambre. El otro día vi un ratón por aquí; voy a saludarlo… ¿Pero qué hace el tío aquel mirándome todo el rato con cara de embobao desde su ventana delante del ordenador?”

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