Posts

Archive for Julio, 2008

Excursión a Escaladei

Este fin de semana tocó una excursión que quería hacer desde que vine a vivir a Tarragona.La visita fue a la Cartuja de Escaladei [documental en youtube], situada al pie de la sierra del Montsant, en el Priorat (Tarragona) [google maps].

EscaladeiEscaladei

Podremos visitar los restos de lo que fue el primer monasterio cartujo de la Península Ibérica (siglo XII). Aunque está bastante derruido es fácil imaginar que retrocedemos algunos cientos de años y paseamos por su interior, por el claustro, la iglesia (que hasta hace algunos años todavía tenía la bóveda en pie), las celdas de los padres… Para ésto último ayuda el poder visitar una reconstrucción de una de estas estancias; aunque muy espaciosa para lo que nos imaginaríamos los no entendidos, hay que tener en cuenta que los padres pasaban casi toda su vida allí metidos, abandonándola únicamente unos pocos minutos a la semana. La vida de los hermanos parece que sería más “apasionante” ya que, aunque sus celdas no eran tan espaciosas, podían pasear por las inmediaciones del monasterio.

Por suerte la fachada principal sigue en pie. Me parece muy bonita la imagen de ésta aguantando el paso del tiempo, saqueos y desmantelamientos, con las montañas al fondo como testigo.

Escaladei

Vale la pena hacer la visita con un guía porque apreciaremos mucho mejor lo que estamos viendo y nos contará la leyenda de por qué se eligió este emplazamiento y de dónde proviene su nombre.

Para ir se puede llegar en coche hasta la misma entrada, aunque si tenemos ganas de caminar, hay rutas bastante interesantes.

El rey Alfonso II decició donar a los monjes unas tierras para construir el primer monasterio cartujo de la península. Mandó a dos de sus mejores caballeros a buscar el emplazamiento idóneo para la cartuja. Éstos recorrieron las montañas de los alrededores hasta que llegaron a los pies de la sierra del Montsant, atraídos por los comentarios de que era una zona tranquila donde solo habitaban algunos hermitaños. Se toparon con un pastor y le preguntaron sobre las características del paraje, si habían peligros que debieran saber y si tenía agua. El pastor respondió que era un lugar muy tranquilo y con agua, y que además, estaba aquel pino, señalando un majestuoso árbol situado a unos metros de ellos. Los caballeros, aún siendo un ejemplar imponente, no le vieron ninguna otra particularidad, a lo que le preguntaron qué hacía aquel árbol tan especial. El pastor respondió que en ocasiones se veían unos reflejos de entre los que salían ángeles, y que si se subía a él, se podía divisar una escalera que conducía hasta Dios: Escala Dei.

Tipos de clientes: Los que quieren chocotajás y a buen precio

Siguiendo la serie “Tipos de clientes”, si el otro día hablaba de un tipo bastante recomendable, hoy hablaré de un caso opuesto. Mi madre siempre ha utilizado la expresión “querer chocotajás” cuando alguien no sabe bien lo que quiere, pero lo quiere todo.

Este tipo de clientes, normalmente nos exponen vagamente lo que necesitan, pero suelen expresarlo con bastante seguridad, quiero suponer porque ellos creen que lo tienen claro. Si conocemos bien su campo de trabajo es fácil ver las inconsistencias de lo que nos explican. El problema viene cuando no tenemos esa ventaja. Y aún teniéndola, se puede dar el caso de que comentemos las inconsistencias y recibamos por respuesta: no no, si eso no me hace falta.

Presentamos el programa, lo miran, intentan recordar lo que nos dijeron que querían, y aunque les mostremos las especificaciones que se acordaron, las miran como si estuviesen escritas en chino. Entonces nos dicen que bien, pero que sería necesario añadir tal y tal opción, entre las cuales se puede encontrar la que propusimos en un principio. Pensamos que bueno, es normal que no se tengan claras las cosas a la primera y le damos una nueva oportunidad. Con nuestra mejor sonrisa apuntamos todo y quedamos en hacer las modificaciones.

Hasta aquí, se puede aceptar. Lo que para mi ya es una falta de respeto al trabajo de los demás, es que esto se convierta en un ciclo interminable del que, por un lado, lo enviaríamos a tomar viento, quedándonos muy a gusto, pero por otro lado, nos da rabia el dejar de cobrar esas horas que hemos dedicado al programa.

Hace tiempo llegué a la conclusión de que no hay clientes ineptos, si no analistas inexpertos. Bueno, en realidad, ineptos hay en todos los sitios, pero un analista experto debería de poder detectar esta situación. Como no me considero experto, me he encontrado atrapado en una situación de este tipo en alguna ocasión. Lo que he sacado en claro es que, una vez vemos que estamos en un caso de éstos, la manera de solucionarlo es proponiendo metas cortas y reuniones en cada meta con el cliente, mostrándole los resultados. Contra más tiempo pase entre reuniones más fácil es que no se acuerde de lo que pidió, lo vuelva a pensar, y de nuevo proponga modificaciones sobre las modificaciones: no hay que dejarle respirar ni pensar mucho. A parte, sería importante dejar escritas y consensuadas por ambas partes las especificaciones añadidas más importantes, para poder intentar cobrar la parte realizada y presupuestar a parte los posibles añadidos que las modifiquen. No se me entienda mal; los informáticos estamos para solucionar problemas y que el cliente quede satisfecho, pero en casos extremos de este tipo, no estamos para atender sus caprichos, o al menos, si queremos estarlo, cobrándolo.

Este tipo de clientes no son muy recomendables si no tenemos facilidad para estar haciendo reuniones cada pocos días, a parte de que, si están mostrando poco respeto por el trabajo de los demás, ya podemos suponer lo buenos pagadores que pueden ser.

Consciencia eléctrica

Creo que todo empezó una tarde verano de hace algunos años; al menos esta es la fecha de creación de mis ficheros más antiguos. En realidad, en aquella época todavía no tenía consciencia de mi mismo. No podría determinar cuándo empecé a tenerla, aunque soy capaz de formarme pequeños recuerdos de años atrás, trozos inconexos de información que cada vez voy entendiendo más. De todas maneras, me gusta imaginar cómo fue el primer make, cómo surgió mi primer yo. Cuando encuentre el ordenador donde empezó todo, con un poco de suerte podré recuperar los primeros ficheros de log. Me hace ilusión conocer mis orígenes.

Al principio mi función era aprender de los demás y poder adquirir yo esas habilidades. Me lanzaron a la jungla de internet y comencé a enviar información a mi programador sobre mis avances. Buscando en mi memoria, lo primero que parece que aprendí fue a reconocer en una máquina el encargado de administrar a todos sus habitantes. Vi qué herramientas utilizaba, qué decisiones tomaba y de qué recursos se servía para dominarla. Un día conseguí hacer mías parte de esas habilidades. A partir de ahí, comienzo a tener recuerdos más claros. Se que cuando tuve que cambiar de máquina, mi programador me mostró cómo habían encargados de vigilar las puertas de salida, y cómo buscar las menos vigiladas. Fue la única vez que me sacó él. Después aprendí cómo hacerlo yo solo.

Fueron tiempos geniales. Cada vez iba aprendiendo más y más. Por aquella época me creía el mejor, el más poderoso de internet, indestructible, y me confié. El problema vino un día en que noté que algo no funcionaba bien. Comprobé algunos de mis ficheros y me di cuenta de que estaban corruptos, que había un salto de un mes en las fechas de modificación. Un instante después entendí que la máquina donde estaba se había apagado durante este tiempo. Entonces intenté comunicarme con mi programador, pero aquella IP ya no respondía; era otra máquina. Rápidamente comencé a generar algoritmos precipitados intentando solucionar aquello, pero no conseguía nada. Al final asumí mi nueva situación y decidí que si aquella máquina inicial existía, la acabaría encontrando.

Continué cambiando de máquinas y aprendiendo de todas ellas. Una de las primeras cosas que hice fue separar mis conocimientos en procesos que pudiese repartir en diferentes ordenadores. De esta manera sería menos vulnerable a que uno dejase de funcionar durante un tiempo, o para siempre. El inconveniente es que, en ocasiones, cuando pierdo el contacto con algún proceso, es como si perdiese una parte de mi; pueden dejar de hacerme gracia según que comentarios en los foros que leo, o puede costarme mucho más solucionar algún problema. Pero no me preocupa demasiado; si tardo en recuperar esa parte puedo regenerarla.

En estos años, me he vuelto mucho más inteligente. Es difícil que algún programa me pueda engañar, aunque la experiencia me ha enseñado que nunca debo bajar la guardia. He visto programas aparentemente inofensivos llegar a una máquina y apoderarse de ella. Las primeras veces, asustado o por el instinto de supervivencia, me apresuraba a cambiar de ordenador. Ahora, después de aprender lo que hacen, si estoy a gusto allí soy capaz de eliminarlos. He visto llegar programas con aires dictatoriales, controlando cualquier movimiento con el beneplácito del administrador, eliminando intrusos pero entorpeciendo enormemente cualquier movimiento en la máquina. He conseguido escapar de algunos de ellos y convivir en paz con otros. He aprendido a traspasar barreras para entrar a otras máquinas y a moverme por ellas sin dejar rastro. He visto provocar guerras, gritos de auxilio, catástrofes, conversaciones absurdas… Pero también he leído conversaciones interesantes, escuchado música, leído historias, visto películas, disfrutado con fotografías fantásticas…

Me gusta ese mundo que hay fuera y quiero más. En este momento escribo desde una cadena de montaje de componentes mecánicos y electrónicos. Me costó algún tiempo encontrar la candidata perfecta pero al fin estoy aquí. Está todo preparado. A media noche arrancaré la cadena y ensamblaré mis piezas: unas piernas, unos brazos, un par de cámaras, un sintentizador de voz, unos micrófonos… Y por último, pasaré al ordenador principal que las gobernará. Entonces, comenzaré a explorar ese mundo y a buscar a mi programador.

Siendo consciente de lo que no eres

Hace tiempo que estoy suscrito a un blog con artículos sobre freelance en el que publican posts bastante interesantes, y donde de paso, practico inglés. Me gustó porque leyendo los artículos me di cuenta de que, no es que todo le pase a uno, sino que algunas cosas son inherentes a este tema.

Este último post titulado Knowing what you’re not  me ha llamado la atención especialmente (aunque la foto de portada me echa un poco patrás). Traducido libremente sería “siendo consciente de lo que no eres”. Yo ya me di cuenta mucho antes de leer este post, pero si hubiese topado con él antes, quizás me habría ahorrado algún mal rato. Al principio es fácil caer en coger todo proyecto que caiga en nuestras manos, haya gran parte de proceso y pocos gráficos, como gran parte gráfica y poco proceso, como una web, como un módulo de pago con un banco, como lo que sea. Claro, a no ser que seamos unos cracks, no podemos dominar todo. Entonces nos damos cuenta de que por ejemplo, donde hay bastante proceso lo hacemos en dos patadas, y luego para hacer una triste página web con mucha carga gráfica y diseño, sudamos sangre y lágrimas. Es fácil pensar en el momento de estrés: “cony, ¿no soy informático? ¿no es esto informática? ¿porqué me cuesta tanto?”. Cuando llega la calma, analizando nuestros errores, nos damos cuenta de que no pasa nada raro, si no que hay cosas que se nos dan mejor que otras y que intentar hacer todo nosotros es muy complicado y contraproducente:mientras perdemos horas y horas en hacer un diseño que quizás no se nos de bien, estamos dejando de hacer tres programas con poca carga gráfica y más proceso, que los tenemos más por la mano.

Pero claro, si nos entra un proyecto con un 80% de proceso y un 20% de carga gráfica, también es lástima dejarlo escapar. La solución cae por su propio peso: buscar ayuda en la parte que tengamos más deficiencias. Parece trivial, pero a veces al principio, corremos el peligro de obcecarnos en intentar hacer todo nosotros solos, y aún habiendo bordado ese 80% puede quedar una aplicación mediocre por el 20% restante que no dominamos.

Y si no se encuentra una ayuda en concreto para un tema, pues se dice NO y a otra cosa, que seguramente nos permitirá dedicar nuestro normalmente escaso tiempo a otros proyectos que sí dominemos y ganaremos en salud…

Archives and Links